"He aquí que el silencio fue integrado por el total de la palabra humana, y no hablar es morir entre los seres: se hace lenguaje hasta la cabellera, habla la boca sin mover los labios, los ojos de repente son palabras... Yo tomo la palabra y la recorro como si fuera sólo forma humana, me embelesan sus líneas y navego en cada resonancia del idioma..."
-Pablo Neruda


viernes, 13 de febrero de 2009

"LA LOCA"

(Hoy conseguiré una fotografía de ella;
hoy mismo la pondré aquí)

Todas las mañanas yo les veia pasar mientras salía rumbo al colegio. Yo era un niño; ellos una pareja ya mayor, que vivian a tres casas de la que fué mi casa.

Cerca de las 7:00 AM, ella, a quien antes le llamaban por nombre, acompañaba a Jesús, su esposo, por esa avenida... hasta llegar a la esquina donde él tomaba el transporte público. Ella le despedía con una sonrisa, y tras verle partir regresaba a su casa.

El día pasaba sin saber de ella... pero apenas rondaba el reloj las 4:00 PM, la veiamos caminar hasta aquella misma esquina, donde recibia a Jesús, con la misma sonrisa con la que lo despidió... y juntos caminaban, frecuentemente de la mano, hasta aquella casa donde ellos resguardaban su amor.

En ese entonces les veia sin entender la grandeza de lo que había entre ellos.

Un día Jesús murió... fué hace muchos años.

Ese día, ella le sonrió aun entre las lágrimas... recuerdo ese gesto muy bien.

Pero para ella él aun no ha muerto... todos los días... y todas las tardes... ella camina a esa misma esquina, y se sienta ahí... esperando que llegue su Jesús.

1 comentario:

muxica dijo...

¿Sabes que he conocido a una pareja que se pasaba el día delante un comercio en una esquina? Al leerte ha llego a mi el recuerdo de aquel hombre y aquella mujer que aun vive, él ya se fue hace años.
Del comercio le sacaban una silla a la mujer ( que estaba en plenas facultades mentales) para que se sentase y descansara.
Toda la ciudad contaba distintas historia del ¿Por qué? de la situación.
Un día la vida me cruzó con una sobrina del hombre y ella me la contó.
Su hija se había muerto durante la adolescencia, al fondo de la calle estaba el colegio en donde la niña estudiaba y el hombre no acepto que su hija ya no regresaría jamás, por eso la esperaba todos los días con frío o con 40 Grados a la sombra, hasta el final de su vida. Su mujer siempre le acompañó en su “locura” porque ella estaba también loca de amor.
Mil abrazos